Cien días de apertura, cien días de emoción

El pasado 6 de octubre, celebramos un entrañable acto para celebrar los 100 días de apertura y en el que el escritor y poeta zamorano David Refoyo, consiguió ponernos los vellos de punta, con esta intervención, simplemente gracias:

Buenas tardes a todos y bienvenidos a esta celebración de los primeros 100 días de la Librería Octubre.

Como dice el chiste, en la vida hay tres tipos de personas: las que saben contar y las que no. Yo me encuentro en el segundo grupo, por eso amo las librerías y las actividades que el capitalismo define como pérdidas de tiempo: véase la lectura, el teatro, el cine o la música.

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David Refoyo durante su emocionante elocución

En la vida, además, hay dos tipos de personas, las que hablan y las que escuchan; estas son, en esencia, las que leen, las que observan, las que tratan de comprender a los demás seres humanos y ponerse en su piel. También me encuentro entre ellas y esto no lo expreso desde una posición de superioridad moral o ética porque, no nos confundamos, ya no está de moda.

Ahora que pesan más las opiniones superficiales, el dinero, la exposición mediática o la apariencia física, ahora más que nunca, son tan importantes las librerías, porque ya no están de moda. Y pocas cosas nos hacen sentir más libres que no seguir el dictado de los otros.

Para quien no me conozca, soy David Refoyo, poeta, narrador, diseñador gráfico, pintor y dibujante, viticultor y hortelano, creador audiovisual, antiguo actor de teatro, músico con manos de madera, creativo publicitario, marido y, dentro de unos meses, padre. Pero, por encima de cualquier otra cosa, soy lector. Y precisamente por eso he sido también caballero medieval, piloto de aviación, detective privado, asesino en serie, exiliado, guerrillero, nómada, viajero incansable, alcohólico, cura, drogadicto, prostituta, madre, escritora bajo seudónimo y un sinfín de aventuras y personajes que caben dentro de todos los libros que he leído a lo largo de mi vida. Por eso son tan importantes las librerías, porque nos enseñan a ser otros, a pensar como los otros y a vivir como los otros. Y eso, nos hace sentir libres.

Si hoy estoy aquí es por mi pasión por los libros. Y por mi pasión por las librerías. Todaslas librerías.

Os contaré un secreto:

Una tarde pasaba por la calle y vi el cartel anunciando el traspaso de esta librería. Medio mucha pena. Cualquier local de la ciudad que anuncia su cierre me da pena, pero si está relacionado con la cultura, entonces, me da mucha más. Pensé en los libros que compré aquí cuando todavía se llamaba Miguel Núñez y recordé “Rebelión en la granja” de Orwell, “Cien años de soledad” de García Márquez, “15,99” de Beigbeder, los cuadernillos poéticos de Raúl Vacas, algunos de los clásicos de Visor… Y pensé, incluso, en cuánto costaría el traspaso y si merecería la pena tomar un riesgo así. Me lo planteé seriamente. Por suerte, se me adelantaron. Y digo por suerte porque el oficio de librero o de librera, en este caso, es una disciplina profesional que va más allá de la venta de productos y las transacciones económicas. Las libreras como

Clara nos educan como lectores, guían nuestros descubrimientos y nos construyen como personas en base a su conocimiento del lector. Por eso son tan importantes las librerías. Y las personas con talento y dedicación que están al otro lado del mostrador.

Ya sabemos que en Zamora no hay muchas librerías porque, supongo, no hay muchos lectores y no hay muchos lectores porque, supongo, la gente con formación e inquietudes culturales tiene que emigrar; y emigran porque, supongo, aquí no encuentran oportunidades ni un mínimo de justicia laboral y económica que asegure su futuro. Por suerte para los que aún quedamos, a quienes no han conseguido echarnos todavía, siguen abiertas algunas pequeñas librerías. Cada una de ellas es un triunfo de la cultura. Una celebración. Todas las librerías del mundo son importantes: desde las grandes cadenas que alimentan a los lectores menos rigurosos, hasta Amazon, que alimenta el ego de anónimos escritores con ansia de reconocimiento o de clientes que necesitan la velocidad de entrega para satisfacer sus deseos.

Desde luego, nada hay menos importante para la cultura en general y para la lectura en particular que la velocidad.

Decía que todas las librerías son importantes: las de viejo, las de segunda mano, las especializadas, las de coleccionismo, las librerías técnicas, las profesionales, las de cómic y novela gráfica, las de poesía, las infantiles, las de toda la vida y las nuevas. Y por eso es tan importante esta librería, lo es ya, aunque aspire a serlo aún más, porque condensa todos esos pequeños conceptos en un solo espacio. Y, además, porque evita el cierre de un negocio local, porque mantiene el acceso a la cultura a pie de calle y porque permite que una persona joven, formada e inquieta, se quede en nuestra ciudad. Y a falta de grandes planes oficiales para fijar población, estas pequeñas aventuras, merecen ser respaldadas por los ciudadanos, por los lectores, por los amigos, por los amantes de los libros: por cada uno de nosotros.

Si hoy estoy aquí es por mi pasión por los libros y esa pasión se la debo a Juanjo, mi profesor de lengua del colegio que me enseñó a leer por placer incluso a Homero. A Rosa, mi profesora de literatura de bachillerato que me animó a participar en aquel concurso de relatos. A Asun y a Pepe profesores de la universidad que me guiaron en mis comienzos poéticos. También a mis padres, que siempre me reservaron una porción de mi paga para poder comprar libros, para disponer de esa cultura que la vida y las obligaciones les negó. Y esa pasión por los libros ha sido alimentada por muchas otras personas, a veces, sin saberlo. Y recuerdo cuando, con dieciséis años o así, entré a ojear libros a Semuret y Julio, un extraordinario librero y una magnífica persona, me recomendó “La máquina de follar” de Bukowski. Y supe, después de aquel libro y aquella anécdota con unas monjas, que yo quería ser escritor. Y que publicaría libros, aunque él nunca llegara a verlo porque nos dejó un tiempo antes. Así que, aunque sólo sea por mantener el legado familiar, el amor por los libros que vuestro padre mantenía cada día en su trabajo y en su vida, aunque sólo sea por eso, es tan importante esta librería.

Esta librería es tan importante porque desprende profesionalidad y eso cada vezresulta más difícil de encontrar. Para los lectores como yo, que huimos de los bestsellers como de la guerra, encontrar una librera con un conocimiento tan amplio de editoriales, géneros, estilos y épocas, es un verdadero placer. Porque aquí no venimos a comprar productos, venimos a comprar tiempo libre, cultura, emoción… Venimos a mirar, a dejar que nos sorprendan y ahí radica, exactamente, la importancia de esta librería, en que es una sorpresa permanente y, claro está, un agujero para cualquier cartera.

Los libros extraños, las ediciones cuidadas y difíciles de encontrar, las editoriales quecopan las pequeñas librerías modernas del Barrio de Gracia en Barcelona o de  Malasaña en Madrid, también están aquí. Y eso, como lector, lo he echado en falta en esta ciudad desde que conocí librerías de otros lugares. No se imaginan lo maravilloso que es atravesar esa puerta por placer y descubrir los últimos títulos de Blackie Books, Acantilado o Astiberri sin necesidad de pedirlos a ciegas.

El reto que tenéis por delante es maravilloso. En vuestras manos está la democracia y la educación, el respeto, la formación cultural, la mirada limpia y abierta de nuestros hijos, pero también la de nuestros mayores, en vosotros y en vuestro trabajo está la esperanza de una sociedad un poco mejor. Aquí entrarán adolescentes perdidos en busca de su espacio y, con el tiempo, saldrán dibujantes de cómic, narradoras, periodistas, poetas, pero también actores y actrices, directoras de cine, guionistas de televisión, músicos y performers, pintoras y escultores… todas las manifestaciones artísticas tienen un nexo en común: los libros. Por eso es tan importante esta librería, porque no es una tienda de libros, es una casa de cultura como cualquier biblioteca o cualquier teatro. De vosotros depende mantener la magia y las puertas abiertas para que esta librería siga siendo un lugar de encuentro y de intercambio de inquietudes.

Hoy celebramos cien días, los primeros cien días, desde la apertura de Octubre. Hemos tenido que esperar más de tres meses para que llegara al mes idóneo para esta celebración.

Atrás quedaron el verano y las piscinas, las playas y las jarras de cerveza helada en las terrazas.

Los viajes atestados de turistas y las tardes insufribles en la casa del pueblo. Con octubre comienza el frío y la oscuridad, las noches eternas y los días cortos y plomizos en los que sólo apetece estar en casa. Estar en casa puede ser muy aburrido o muy provechoso, depende de tu actitud. Recuerda que, gracias a los libros, el invierno es menos invierno porque una buena lectura abriga y mucho. Puedes quedarte en tu sillón viendo la tele o puedes viajar al centro de la tierra, a Comala, a la frontera francesa en el ocaso de la guerra civil, al otro lado del Muro de Berlín, a la ruta 66 haciendo autostop, al vestuario del Camp Nou o a las oficinas de la T.I.A.. Tú eliges si prefieres ver cómo pasa tu vida o prefieres vivirla, intensamente, gracias a un buen libro. Por eso, y ya deberías saberlo a estas alturas, es tan importante esta librería.

Brindo para que lo siga siendo durante muchos años. ¡Salud!

 

David Refoyo. Octubre 2018.

 

Recomendamos | “El anarquista que se llamaba como yo” de Pablo Martín Sánchez

Un acto tan aparentemente cargado de narcisismo como el de introducir tu nombre y apellidos en el motor de búsqueda Google, fue la génesis de la obra “El anarquista que se llamaba como yo”.

A caballo entre la novela y el ensayo, Pablo Martín Sánchez construye un apasionante relato que desemboca en la desconocida intentona de Vera de Bidasoa por la cual un grupo de militantes republicanos y anarquistas, en su mayoría, pretendían acabar con la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, en un titánico y aventurero acto de invasión del país para su posterior liberación, a través de la localidad navarra.

anarquista libro

La semblanza de la vida del tocayo del autor se posa sobre los momentos más importantes del Siglo XX:  la aparición del cinematógrafo, la batalla de Verdún o el crecimiento exponencial del movimiento obrero de filiación libertaria en España, pasando por los grupos de acción anarquista y sus intentos magnicidas. El ritmo de la narración hace que aumente el ansia del lector por consumir las más de setecientas páginas del libro en el que se entrelazan el amor de infancia que se convierte en destino final, la amistad, la camaradería y el afecto y admiración paterno-filial.
vera de bidasoa

Hoy, que se habla permanentemente de “memoria histórica” lo narrado en “El anarquista que se llamaba como yo” puede denominarse como un gran ejercicio de ésta, dado que sintetiza una gran parte de la esencia de esa España subalterna que conoció la necesidad, la persecución política  o el éxodo en busca del pan y que de forma consciente emprendió la noble empresa de intentar que ninguno de sus iguales volviese a tener contacto con la desagradable experiencia de enfrentar una vida cargada de penurias y tristeza.

“El anarquista que se llamaba como yo”

Pablo Martín Sánchez

Acantilado

ISBN: 978-84-15689-18-8

Lecturas prescritas

El final del verano llegó… ante la evidente tristeza que provoca recordar aquel clásico moderno creado por el Dúo Dinámico que anuncia el final de los días estivales, ponemos en orden las recomendaciones literarias que nos han realizado nuestros prescriptores.

Miguel Nuñez, librero

“Vestido de novia” de Pierre Lemaitre

Nuestro librero de cabecera la ha elegido por ser una lectura ligera, ideal para las tediosas y tórridas tardes de verano. Una novela negra muy bien escrita y con una trama intrigante y unas vueltas de guión interesantes.

vestido-de-noviaVestido de novia

Pierre Lamaitre

Debolsillo

ISBN: 9788466333627

Marichu García, periodista

“Los aires difíciles” de Almudena Grandes y “El mar”  de John Banville

La periodista de la Cadena SER y directora del Magazine “Hoy por hoy Zamora”, asegura que no le gusta que no le gusta la etiqueta “lectura de verano” dado que parece ser sinónimo de lectura ligera y es en esta estación cuando se tiene más tiempo para leer y disfrutar de los libros. Las recomendaciones de Marichu García tienen un profundo un olor a salitre, porque para mí el verano es mucho mar, por esta razón ha elegido los siguientes títulos: “Los aires difíciles” de Almudena Grandes, un relato en el que dos extraños confluyen con sus pesados bagajes vitales en la costa gaditana entre el levante y el poniente.

aires dificilesLos aires difíciles

Almudena Grandes

Tusquets Editores

ISBN: 9788483835005

 

 

Su segunda recomendación es “El mar” de John Banville. Un relato que le procuró al novelista irlandés el Premio Man Booker 2005, y en el cual el protagonista busca el retiro para escribir en el pueblo costero en el que pasaba los veranos justo a sus padres.

banville

El mar

John Banville

Anagrama

ISBN      978-84-339-7656-7

David Refoyo, escritor y poeta

“Ilíada” de Homero

El joven poeta zamorano ha elegido el texto que leyó en aquel verano en el que tenía 12 años, recomendada por un profesor de lengua y literatura y a pesar de que invirtió mucho tiempo en leerlo y no fue una lectura fácil, lo disfruto de manera plena. El texto de Homero es según Refoyo “La gran historia de aventuras”.

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Ilíada

Homero

Cátedra

ISBN: 9788437621975

Luis Ramos, músico y poeta

“Cómo sentimos” Sobre lo que la neurociencia puede y no puede decirnos acerca de nuestras emociones, de Giovanni Frazzeto

Ramos, desde su dimensión de Filósofo, nos deja la recomendación de este ensayo que profundiza en la utilidad de la Neurociencia a la hora de interpretar constructos tan complejos como las emociones, elementos tan cotidianos como el amor, la felicidad o el dolor. No es un libro para leer en la arena sentado, pero que excitará nuestra inteligencia e indagará en lo más profundo de nuestra psique.

Maquetación 1

Cómo sentimos

Sobre lo que la neurociencia puede y no puede decirnos acerca de nuestras emociones

Giovanni Frazzetto

Anagrama

ISBN      978-84-339-6372-7

 

Miguel Nuñez, librero

Cuatro décadas de entrega a libros y lectores que tendrán cumplida continuidad en la nueva gestión de la librería Octubre

La esquina de las calles Amargura y Santa Teresa ha albergado durante casi 30 años un pequeño lugar en el que buscar palabras y frases, que fueron en cada momento el antídoto necesario para mirar más allá de lo concreto. Allí encontramos novelas para evadirnos de la prisa cotidiana, ensayos para conocer de manera más profunda el mundo que nos rodea y los versos que nos ayudaron a poner color a los momentos difíciles.
dibujo libreria

Entre las estanterías de la Librería Miguel Nuñez se daban a mano Cortázar y Carmen Posadas, Baroja y Rosa Montero o Galdós y Paul Auster, y, sobre todo, los lectores de esta ciudad nos dimos la mano con  el oficio más viejo del mundo; el de librero. Un oficio que con precisión de orfebre Miguel ha cultivado en los talleres de la Librería Religiosa o de Clarín hasta que el sueño de trabajar con sus propias herramientas se hizo realidad en un minúsculo local de la Calle Cervantes, desde el cual nuestro ingenioso hidalgo comenzó su aventura.

Los atentos cuidados de Miguel y Carmen que durante las más de 3 décadas de gestión de la librería Miguel Nuñez han procurado a libros y lectores seguirá siendo la principal línea de trabajo bajo la nueva gestión de la librería Octubre, que toma el relevo en la figura de Clara Sánchez.

Con este vídeo queremos rendir el necesario homenaje a uno de los símbolos de la cultura de nuestra ciudad. Simplemente, gracias.